Mi señora madre

 



 

            María Cruz Domínguez Flores fue mi madre, hija del salmantino Juan Francisco Domínguez Benito y de la cacereña Alfonsa Flores Vega. Fue la mayor de cinco hermanos: María Cruz, Manuel, Antonio y Teodoro, pues hubo uno más pero que murió muy niño, del que no tengo referencias de él. De los cuatro tengo una fotografía en mi archivo familiar. Y mi madre recordaba siempre aquella foto con su vestido de jovencita, foto que conservo en el álbum familiar de los Rivero - Domínguez que hice cuando cumplí los 50 años.

 




            Una foto de mis padres novios tengo por ahí, en el paseo de Hinojal hacia Santiago del Campo y Cáceres, como tengo la de su boda.

 

            Mi madre siempre ha sido una mujer muy religiosa, tanto que me enseño a rezar al Niño Jesús que hay en la iglesia de nuestro pueblo. Le cortaba unas flores de nuestro jardín y yo de niñito tenía que llevárselas a su altar, que quiero recordar que por entonces estaba en el templo en la parte del Evangelio. Hoy ese Niño Jesús se halla en un importante y artístico altar, obra original del entallador cacereño Juan de Santillana, quien el 14 de abril de 1576 firmó un contrato en la ciudad de Cáceres con el mayordomo de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Hinojal, don Juan Gutiérrez Jiménez.

 

            Pero no es cuestión de hablar aquí de las bellezas artísticas de mi pueblo natal, sino de la belleza física y espiritual de mi señora madre, una mujer encantadora, muy trabajadora, dinámica y con un encanto especial. Le hubiera encantado saber conducir

 

            Buscaba el agradar a su marido y deseaba que sus tres hijos fueran personas de provecho. A los 25 años me tuvo a mí y permanecí como hijo único hasta junio de 1957 en que nació mi hermana mayor, Mari Cruz. He sido un niño muy feliz, como fue feliz mi infancia, pubertad y adolescencia, siempre acompañado por los buenos mensajes que me daba mi señora madre. Me animaba a estudiar y ser un hombre de provecho. Se impuso a mi padre para que estudiara una carrera -la de Periodismo- y no fuera hombre del campo, pues como sabía por sus familiares más directos era y es una vida muy dura.

 

            Viviendo yo en Mallorca fue la primera que fue a verme, en unión de mi hermana pequeña, Pepi. Le encantó. En otra ocasión quiso que la llevara a visitar el santuario de Fátima, pues le había hecho una promesa a la Virgen que iría allí si quedaba bien de la operación de un brazo. Cumplió la promesa cuando yo la llevé en unión a su hermano Antonio y de su cuñada Pili. Quedó encantada.

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