Los Rivero Leno
José Rivero Pizarro, "el Pepón"
Me honro en pertenecer a esta
encantadora familia de los Rivero Leno, los abuelos paternos, que trabajaron muy
duro para dejar de ser pobres en su juventud para levantar una fortuna y
regalar una finca rural a cada hijo y una fica urbana a su hija Valentina, Todos
estos bienes aún están en manos de los Rivero. Todo un éxito del abuelo Pepe y
de su esposa Alejandra, dos grandes trabajadores a los que he admirado siempre
por su buen hacer en la vida. Mi abuela paterna nació el 7 de abril de 1892.
Esta pequeña crónica está dedicada a
mis abuelos paternos: José Rivero Pizarro y Alejandra Leno Durán, dos excelentes
personas, con los que conviví un año en la ciudad de Cáceres mientras estudiaba
primero de bachillerato en el antiguo instituto El Brocense, situado en la ciudad
antigua en la Plaza de San Jorge, inmediato a la iglesia de la Preciosa Sangre.
Ambos edificios habían pertenecido a la Compañía de Jesús, hasta que ésta fue
expulsada de España por el rey Carlos III, allá por el siglo XVIII. Vivíamos en
una casita baja, en la calle Arco de España, junto a los restos de una torre,
de la muralla almohade, del siglo XII, por lo que principalmente la ciudad fue
nombrada Patrimonio de la Humanidad.
De este sencillo matrimonio nacieron cinco hijos, de los que sobrevivieron cuatro: Esteban, Rufino, José (mi padre) y Valentina Rivero Leno. El que murió era muy niño y de él se conserva una gran fotografía en la casa familiar de Hinojal montado a caballo. Se llamaba Vitoriano y murió a la temprana edad de cinco años.
A pesar de que el matrimonio José y
Alejandra era muy sencillo en su forma de vivir, ambos tuvieron familiares
ilustres. El abuelo José tuvo un primo hermano, por parte de madre que llegó a
ser obispo auxiliar de Toledo, sustituyendo al cardenal Pedro Segura cuando fue
expulsado de España por el Gobierno republicano, y posteriormente fue nombrado obispo
de Plasencia, gracias a eso salvó la vida, pues muchos sacerdotes fueron asesinados
en la diócesis de Toledo. Se llamaba Feliciano Rocha Pizarro y de él hay una fotografía
en la casa familiar, la del “tío obispo”. De don Feliciano estoy escribiendo su biografía
como corresponde a un servidor por ser cronista oficial del pueblo. Y por parte
de la abuela Alejandra, uno de sus hermanos fue alcalde de Hinojal en tiempos
de la Segunda República española. Habrá que averiguar más sobre este tío
abuelo.
Los abuelos compraron una finca en San
Vicente de Alcántara, La Ahumada, que le tocó a mis tíos Esteban y a su esposa Mercedes
Magdaleno, que murió a los 102 años de edad, aunque vivían, con todos sus hijos
en Herreruela. Otra finca es “La Castellana”, en el término municipal de Alcántara”,
en lo que hoy forma parte del parque natural “Tajo Internacional” y que fue repartida
en un principio entre mi tío Rufino y mi padre, hasta que ambos decidieron comprar
una segunda finca en los campos de Cáceres, cerca de Santiago del Campo. Y así
quedarse La Castellana mi padre que vivía en la histórica villa de Las Brozas, hoy
declarada conjunto histórico artístico de Extremadura, y mi tío la de Cáceres por
vivir en la capital. La finca urbana fue para mi tía Valentina, un bloque de
cuatro pisos en la calle Arco de España en la capital de la provincia.
En principio mis abuelos y mi tía Valentina
vivían en nuestra casa de Las Brozas. Cuando yo era un niño de cuatro años, mis
padres, mi hermana Mari Cruz (de solo tres meses) y yo nos trasladamos desde
nuestra casa de Hinojal a Las Brozas. De ahí que uno diga que uno tiene dos pueblos:
“Donde me nacieron (Hinojal) y de donde soy (Las Brozas)".



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